06 Mayo 2019

Gobernar es crear trabajo

Por Mario Casalla (Especial para “Punto Uno”)
Cuando esta columna esté en sus manos, amigo lector/a, habrá culminado la semana que incluyó al tradicional 1° de Mayo, fecha que festeja o recuerda -desde hace muchas décadas- el Día del Trabajo (o del Trabajador) denominaciones ambas que se utilizan y son correctas.

Lo que no lo es tanto, es la forma que este año tuvo lugar esa jornada. Más bien fue insólita. Nos sorprendió en medio de una creciente y sostenida destrucción del trabajo, producto ante todo del plan económico adoptado por el gobierno nacional  y  al mismo tiempo, la fecha encontró al Movimiento Obrero con un grado de fragmentación y agrietamiento mucho más crítico que en anteriores oportunidades. Acertadamente me señalaba hace un tiempo un importante dirigente sindical (que es también un estudioso de estos temas) que hoy en día no podría hablarse con propiedad de movimiento obrero, sino más bien de un conjunto de gremios o agrupamientos que se hacen o deshacen según las circunstancias políticas del caso.

Más aún, muchos de esos gremios pertenecen a más de un agrupamiento a la vez, a pesar que la entidad madre que  los reúne (la CGT) no está formalmente dividida  no cumple en absoluto esa  función aglutinadora de la clase trabajadora para la que surgió.  Es evidente que está “partida” de hecho, a pesar que de derecho no lo esté. Y  las entidades gremiales que anteriormente se fueron de la CGT y conformaron la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) –durante la anterior experiencia neoliberal en la Argentina, el menemismo- hace ya tiempo que también está formalmente partida en dos y una de esas partes –a la vez- dividida internamente por un constante reclamo judicial entre sus principales líderes. Es decir que tenemos cuatro Centrales sindicales. A las  que deben agregarse importantes Movimientos Sociales (con voluntad de trabajo social directo y deseos de representar a los trabajadores informales y desocupados) pero también muy lejos de ser en la práctica un movimiento unificado y alternativo a las centrales sindicales tradicionales, sino que juegan también como  agrupamientos que se unen o separan, crecen o decrecen, por circunstancias y situaciones que están lejos de controlar.

Por cierto que esta situación –a quienes somos también trabajadores y pensamos con un marco teórico nacional  y popular, opuesto al  neoliberalismo vigente - eso ni nos gusta, ni es lo que deseamos, ni es lo conveniente y necesario para enfrentar a las políticas macristas y mucho menos faltando pocos meses para elecciones generales. Pero vayamos por parte.

 

Una giornata piu particolare

El título de esta película de Ettore Scola (1977) no está nada mal para aludir al 1° de Mayo de 2019 en nuestro país. Sólo que aquí no se forjaba un amor en medio de un día desgraciado para la historia italiana (aquél en el cual Hitler visitaba a Mussolini en Roma), sino que fue tan  desagradable como insólito. Y con mucho de ridículo, por cierto.

A los hechos me remito: lo que queda de la CGT (habitando la sede oficial de calle Azopardo) hizo huelga en un día que era feriado nacional y donde -por lo tanto- no se trabajaba y se cobraba igual. Si hubiera sido en domingo se lo podría haber calificado de “paro dominguero”, pero fue un miércoles. Y para colmo eso forma  parte de un insólito “plan de lucha” (o cosa parecida) que lanzaron algunos gremios del transporte que decidieron  parar todos los feriados nacionales! Como para que la burla no tenga fin, el próximo paro tendrá lugar el sábado 25 de Mayo también feriado nacional -pero de esos que no se corren- de manera que ni siquiera la Secretaría de Turismo se mostrará preocupada y las patronales tampoco.

Acaso habrá que esperar al fin de semana largo del lunes 17 de junio para que alguien se inmute un poco. No demasiado claro porque el recurso de la “conciliación obligatoria” está siempre a mano para convencer a dirigentes díscolos “ma non tropo“. Hace ya muchos años que el legendario Bocha Palacio no dirige la UTA y lo que hay allí no es para inquietar a nadie. Además ese gremio -otrora decisivo para un paro contundente-- hace rato que ya no reúne a todo su sector.

En el de esta semana 80 líneas de colectivos capitalinas y muchas del resto del país no acataron la insólita decisión de parar el Día del Trabajador y el sistema de subterráneos porteños hace ya años que no responde a la UTA. Ese gremio es sólo un ejemplo más de cómo la actual  CGT se va desflecando poco a poco, dado que un importante número de Seccionales del interior ya tampoco responden “a sus cuerpos orgánicos” (de los que tanto gustaba hablar el legendario metalúrgico Lorenzo Miguel)y esto por dos motivos básicos: porque allí ya no hay “cuerpos” y tampoco  “organismos”, dado que  aquellos no responden a un comando central (un cerebro) sino que actúan más sistemas autónomos que como un verdadero conjunto corporal.

Además si hay algo  que tampoco es para asustarse demasiado es el binomio que ahora conduce la CGT, como resultado del trinomio anterior reducido a dueto. Es evidente que el denominado “Frente Sindical para el Modelo Nacional” (que sí hizo huelga el día hábil inmediatamente anterior y con buen resultado) eligió esta vez una estrategia absolutamente diferente: permitir que poco a poco la CGT se auto- vacíe desde adentro en vez de hacer otra paralela como era usual, en esta situación, dentro sindicalismo argentino. Acaso consciente de que el paso del tiempo jugaría a su favor (permitiéndole ganar en número y calidad de miembros con que inicialmente no contaban) se quedaron en la CGT, pero no participan de ella. Acaso apostando a aquél principio de la conducción que –por distintas vías- compartieron Perón y Jorge Bergoglio: “el tiempo es superior al espacio”. Situación que también puede considerar “piu particolare”.

En tal caso allí también la decisión final ya no provendrá del propio movimiento sindical, sino del resultado electoral de octubre próximo. O sea que la política prima hoy por sobre lo sindical y si el Movimiento Obrero aspira a ser algo parecido a lo que fue otrora, esto le requería prácticamente una refundación, porque ya la cosmética y los juegos de malabares no dan para más.

 

La destrucción del trabajo

La frase que dio origen a esta columna –“Gobernar es dar trabajo”- es también de Perón. Y la Constitución Nacional de 1949 de la cual este mes se cumplen 70 años consagró en ella los “Derechos del Trabajador”. Releer hoy el artículo 37 de su texto, sí que asusta y preocupa a dos puntas: al sector obrero lo coloca frente al espejo de lo que han ido gradualmente perdiendo en estos ya casi cuatro años de gobierno neoliberal; y al sector patronal de lo que podrían llegar a perder de esos privilegios que- simétricamente- fueron ganando como sector.

El inciso 1 de esos derechos define el trabajo como “el medio indispensable para satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad, la causa de todas las conquistas de la civilización y el fundamento de la prosperidad general”, de lo cual se extrae una conclusión que pondrían los pelos de punta a los padres putativos del actual neoliberalismo y la economía de mercado (F. Hayek y M. Friedman) así como a sus seguidores locales: “de ahí que el derecho a trabajar debe ser protegido por la sociedad, considerándolo con la dignidad que merece y proveyendo ocupación a quien la necesite”.

Me parece que ni siquiera la gomina abundante del Dr. Funes de Rioja serviría para evitar esa sublevación capilar. Y los ítems cuya enumeración siguen, tornarían súbitamente blanca la negrísima cabellera de Durand Barba: “derecho a una retribución justa; derecho a la capacitación; derecho a condiciones dignas de trabajo; derecho a la preservación de la salud; derecho al bienestar; derecho a la seguridad social; derecho a la protección de su familia; derecho al mejoramiento económico y derecho a la defensa de los intereses profesionales”. Y no puedo imaginar qué ocurriría con la muy refinada elegancia de Madame Lagarde si alguien se le ocurriese decir –como sí lo hacía el artículo 39 de aquel texto constitucional- “El capital debe estar al servicio de la economía nacional y  tener como principal objeto el bienestar social”; aclarando -por si quedara alguna duda- que “Sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines del beneficio común del pueblo argentino”.

Incluso hasta podría ser considerado “bulto sospechoso” dejar un ejemplar de la Constitución del 49 en el umbral de la  calle Azopardo 802. Es bastante probable que el encargado de vigilancia o algún empleado que pueble todavía ese edificio histórico (inaugurado por el Presidente Juan Perón el 18 de Octubre de 1950 y donado por Evita a través de su Fundación)  llame de inmediato al 911 o al teléfono directo de la ministra de Seguridad.

Por las dudas, ni se le ocurra intentarlo.