04 Agosto 2019

Si razona el caballo se acabó la equitación

Por Mario Casalla (Especial para “Punto Uno”)
Dicen que hay tres situaciones en las cuales las personas generalmente mienten: cuando vuelven de una excursión de pesca, cuando están en medio de una guerra, o cuando viven tiempo de elecciones. Mucho o poco, pero mienten.

Lo cual no es raro que esto ocurra, ya que es casi imposible vivir en medio de la verdad o de la mentira absolutas (inclusive en tiempos más rutinarios). Lo clave es la proporción y el tamaño de las mentiras y en cuánto esto afecta a la vida en común.

Esto último en Política es clave. Vivimos ahora mismo en tiempos electorales y en la recta final del primero de sus tres posibles escenarios: las elecciones PASO. Y es en estas “rectas finales” -cuando todos suelen acelerar- cuando las zancadillas o las picardías aumentan y por eso mismo las mentiras o las verdades se notan un poco más.

Se suele mentir en el tamaño y en los números (como en las excursiones de pesca); en quién va ganando o perdiendo la batalla (como en la guerra) y en la confusión de promesas y realidades (según se esté en el gobierno o en la oposición). Claro que las mentiras del gobierno de turno son mucho más costosas para el Pueblo que las promesas de la oposición. Las primeras se sufren ya y todos los días, las otras están por verse. Por eso es fundamental el discernimiento.

Esa especial conjunción de inteligencia, intuición y emociones que nadie puede entregarnos desde afuera (llave en mano), sino que requiere de un especial esfuerzo personal para el cual –en las democracias modernas- se han pensado estos momentos previos en que las propagandas cesan (o deberían cesar), el festival de encuestas deja de taladrarnos el cerebro (con cifras que luego generalmente no eran tan exactas como las matemáticas prometían) y en que los benditos comunicadores, analistas, panelistas y escritores de más diversos tipo y estilos deben (o agreguemos también aquí el potencial, “deberían”) aminorar un poco sus peroratas y permitir que la gente piense un poco por si misma. ¿Difícil no? Pero mire, amigo lector, el ruido al menos disminuirá un poco, entonces aproveche usted para poner en marcha ese hermoso arte del discernimiento que toda persona –por el sólo hecho de serlo- dispone (en potencia) en su caja de herramientas conceptuales. Pásele el plumero –si fuera necesario- acelere por las suyas y póngalo en acto. El premio es lo que pusimos como título de esta columna.

 

Las PASO: de la comedia al drama

Y esto es la primera cosa a discernir. El gobierno es absolutamente responsable de haber sacado a estas elecciones PASO de su normal quicio (asentamiento) y por lo cual usted también anda como desquiciado.

Hace unos meses eran totalmente prescindibles y un gasto económico que bien podría evitarse. El presidente en ejercicio, su joven y fiel escudero y casi todo su equipo de campaña (con el general Barba a la cabeza) lo proclamaban sin ponerse colorados, aun cuando eso implicara una violación de las leyes vigentes en materia electoral y eso en medio de un proceso en curso. Acaso hayan pensado aquello de “Una mancha más, qué le hace el tigre”. O bien esa otra constante en su estilo de gobierno: “Si pasa, pasa”.

No sólo no pasó, sino que ahora –de gasto superfluo- las han transformado en una suerte de plebiscito (a todo o nada) lo cual han vuelto a los dos escenarios siguientes (primera vuelta electoral y eventual segunda, si nadie alcanza la mayoría estipulada) en dos hechos cuasi menores. Craso error que, para peor, todo parece indicar que al gobierno la jugada le saldrá mal. Más que un tiro al adversario, termina resultando un muy probable tiro a su propio pie (con la renguera del caso que eso le acarreará, cuando el partido sea en serio y por los puntos).

En estos momentos lo que se discute en su propio campamento –y en voz bien alta como para no estar enterados- es por cuántos puntos las perderá: 3, 5, 7?. Y más aún ya se dice que una derrota de entre 3 y 5 puntos es “tolerable”. En el de sus opositores casi se agradece esta primera victoria entregada en bandeja que –si no comenten elementales errores de último momento- les llegará el próximo domingo por la noche. Por supuesto que saben que ésta “no va en serio”, pero aquellos que temían mucho a la primera vuelta la encuentran ahora transformada en segunda y no viene nada mal encararla con un gol casi desde el vestuario. Piensan que acaso también pueda  aquí darse aquello de “quien pega primero, pega dos veces”.

Lo que sí todos deberíamos pensar en serio (y cuando sea oportuno hacerlo) es que el sistema electoral heredado de la última reforma constitucional, es una herencia verdaderamente pesada a la que hemos sometido inmerecidamente a la democracia argentina contemporánea. La soberanía popular se expresa una sola vez en las urnas, sin artificiales ensayos previos y sólo con una segunda consulta si surge como necesidad de esa misma expresión, y no de “pactos preexistente” en el jardín de los Olivos. Con la voluntad popular no se juega ni se ensaya, ella no es como el portero que llama dos veces.

 

La ansiedad es mala consejera

El “aceleramiento” general de los tiempos que corren, es otro error que el acto comicial puede pagar a un precio muy caro: el de su propio desprestigio. La obra del pensador francés Paul Virilo (“La velocidad de aceleración”) es muy recomendable para entender el fondo de lo que está pasando a nivel global.

Todo debe ser rápido y cuanto más rápido, más corto y más sintético mejor. Se repudia las demoras, los silencios y el habla (oral u escrita) con sujeto verbo y predicado es vista casi como resto arqueológico que los denominados “emoticones” se van encargando poco a poco de suplir. Si “no tengo tiempo”, al menos tengo un dibujito que dice algo en lugar de eso que falta.

Esto que va produciendo cambios estructurales de larga duración (tanto a nivel social como individual), es muy poco recomendable para el proceso eleccionario, rito fundamental y fundador del sistema democrático al que decimos adherir. Los medios electrónicos de comunicación (y los grupos comerciales que los monopolizan y los contornean según sus propias necesidades económicas y políticas),  con sus 24 horas de aire (en vivo y en directo) y sus angustiantes pantallas titilantes de “urgentes”, “alertas y “primicias, necesitan permanente carne en el asador y si no la hay, entonces se la dibuja, se la pinta y al aire sin más! Lo digital y lo real son casi iguales y las diferencias apenas se notan en las pantallas de todo tipo que nos rodean.

Para ellos -que casi no soportan los 90 minutos que dura un partido de futbol- las diez horas que dura el acto eleccionario, más las aproximadamente tres o cuatro horas de espera que requiere un procesamiento más o menos normal de datos electorales, son una eternidad imbancable! El público (léase, ELLOS en primer lugar) quieren saber y entonces todo debe ser abreviado, rapidito y digital. Como todavía no pudieron imponer el voto electrónico sin más (excepto en alguna ciudad), entonces ahora se les ha ocurrido abreviar (scanner mediante) el paso de llevar la urna al correo. Time is money y por qué no terminar de “modernizarnos” entonces!. No importa que ese paso abra la posibilidad de tergiversación de datos (cosa que en otros lugares y con esa misma empresa contratada ya ha ocurrido), no eso es un dato menor.

En todo caso hagámoslo y después vemos como lo solucionamos. Mientras tanto, cómo privarnos de dos o tres simultáneos festejos callejeros de presuntos ganadores. Una verdadera “fiesta popular” que los móviles cubrirán in situ y señores y candidatos (presumibles ganadores) comentaran sesudamente desde los estudios de radio y televisión. Qué importa si –cuando las luces se apaguen- haya que empezar a contar en serio porque es imposible que haya dos ganadores simultáneos, dado que (al menos todavía) hay una sola Casa Rosada.

Algún día lograremos la secreta ilusión televisiva: que votemos desde nuestro hogar y por la web, que todo sea instantáneo y que –al igual que los Premios Martín Fierro- un canal por vez trasmita la entrega de estatuillas a los ganadores (entonces las PASO acaso vuelvan a tener algún sentido: serán la entrega previa de diplomas a los ternados).

¿No le parece una buena idea, o usted es todavía un troglodita de la época del papel, la urna y la militancia ciudadana cara a cara y en la calle? Vamos amigo, modernícese.