22 Septiembre 2019

De dónde vienen los que ahora se van

Por Mario Casalla (Especial para “Punto Uno”)
Ahora que el PRO está a punto de dejar el poder nacional y de la provincia de Buenos Aires (imprescindible para ejercerlo en  plenitud), es bueno recordar de dónde venían y cuál es el tipo de cultura política que -desde esta ciudad expandieron al resto del país. Ante todo es menester advertir que se trata precisamente de eso, de una cultura política y no meramente de un modelo económico neoliberal más, aunque esa cultura se expresara en el primer plano- como economía y cosa de CEOS, técnicos y equipos de gobierno.

Pero es una cultura y como tal algo de ella puede haber en nosotros que -debidamente potenciado- vuelva a aflorar y conducirnos a un nuevo desastre. Para prevenirnos conviene recordar lo sustancial de esta tercera reencarnación (y fracaso) de un experimento neoliberal en nuestro país (entre 1976 y este 2019).

 

La cultura PRO

Por eso esta misma columna periodística trató -amigo lector- que usted los fuese conociendo mejor desde el vamos. Es que para esta ciudad -que gobiernan desde hace ya muchos años- son viejos conocidos y no tanto en el resto del país, donde aparecieron como una novedad relativamente esperanzadora o bien como una posibilidad de revancha que terminaría costándonos tan caro a todos. Este Mundo Pro amalgama una cierta estética postmoderna (la del “Va a estar bueno….) con una peculiar ética tardo-moderna, propia del mundo de la empresa y los negocios globalizados que también sabe transitar con fluidez, aunque con diferentes protagonistas.

Y claro Gaby Michetti (que en el balcón presidencial danzaba a Gilda en silla de ruedas) no era lo mismo que el muy serio señor Sturzenegger, pero no se confunda: ambos se amalgamaban en el significante “Macri”. ¿Y por qué?, porque Mauricio (que en el 2015 ya era plenamente Macri) se crió entre esos dos perfiles y sin él ese Mundo PRO sería, en lo político, muy poco sustentable. Quienes lo tratan más en la intimidad dicen que suele repetir esta frase para explicar su destino: “Creo que la mejor definición de mí mismo me la dio Gregorio Chodos, que es como un padre para mí. El me dijo: Mauricio en la vida están los que eligen tener y los que eligen ser. Vos elegiste ser. Y yo siento eso. Que yo tenía todo ya. Así que elegí ser”.

Y, como los ricos no piden permiso, fue. Primero presidente de Boca Juniors y luego de toda la Nación Argentina. De Franco Macri -su padre biólogo- pueden decirse muchas cosas, menos que haya descuidado la educación de quien imaginaba como su heredero. Quiso que Mauricio fuera al exclusivo Colegio Cardenal Newman, así como él revalidó su título del Liceo Italiano en el Colegio Nacional de Buenos Aires, dos años después de haber llegado de Italia como inmigrante. Y también bregó Franco para que Mauricio cursara la carrera de Ingeniería, la misma que él había iniciado sin concluir porque rápidamente fundó su primera empresa (Urbana S.A).

Años después cuando Mauricio le llevó su flamante título de Ingeniero (UCA) hizo lo mismo que Giorgio (el abuelo presidencial) había hecho con él: lo ingresó en el mundo laboral. Pero Giorgio fue mucho más duro con Franco que éste con Mauricio. Según cuenta Franco en su autobiografía (“Macri por Macri”, 1997) a los tres días de haber desembarcado, el viejo Giorgio lo mandó (en colectivo) a trabajar en la construcción del Barrio Ciudad Evita, que recién comenzaba.

En cambio Franco fue mucho más amable con Mauricio: terminado los estudios universitarios lo llevó a SOCMA como analista junior de una de las empresas del grupo (SIDECO Americana). Allí aprendió las dos cosas que le faltaban: la práctica empresarial concreta y el mundo de la política. Siempre inextirpable unidos en la ‘famiglia’ Macri.

 

El mundo Socma

Por aquellos años había en SOCMA cuatro gerentes de mucha confianza a quienes Franco Macri consultaba en materia de política y gobierno: Carlos Grosso, Jorge Haieck, Ricardo Zinn y el ya citado Gregorio Chodos. Todos venían o representaban distintas líneas y tradiciones políticas y todos estaban en SOCMA (y se irían del grupo) por diferentes motivos y maneras. Franco los respetaba y acercó a Mauricio a ellos para que fueran -en el día a día empresario- educando políticamente al delfín.

Grosso y Haieck eran peronistas y un puente con ese partido que surgía como alternativa al gobierno de Alfonsín que ya empezaba a tener problemas; Ricardo Zinn fue su introductor en lo más duro del liberalismo económico y un puente de plata con los gobiernos militares, mientras que Gregorio Chodos representaba allí al desarrollismo y era amigo personal tanto de la familia Macri como del ex presidente Arturo Frondizi.

Chodos invitaba frecuentemente a Frondizi a cenar con Mauricio y allí las charlas no eran tanto de ideología desarrollista, como de las implicancias de ejercer el poder real desde el máximo cargo del Poder Ejecutivo. Frondizi un conversador agradable y fascinante (doy fe), era además un especialista en saltear obstáculos, recibir golpes y salir a flote, además de una inteligencia evidente y una autén-tica vocación de estadista (lo reconocen propios y adversarios). Cuando el Mauricio presi-dencial pronunció el discurso de asunción en 2015, nótese que el único nombre propio que citó fue el de Arturo Frondizi. Además había pedido -para ir luego a la Casa Rosada- el mismo Cadillac negro descapotado que utilizaron Perón y Frondizi (y que él no utilizó “por razones de seguridad”).

No mucho tiempo antes -ya como líder del PRO- declaraba: “Puedo armar el mejor equipo político de gobierno, desde Frondizi para acá”. Evidentemente su ideal de presidente era Arturo Frondizi y como Ministro de Interior se buscó un Frigerio. Pero claro -ya sé y no me rete!- Mauricio no es Arturo, ni Rogelio (nieto) es su abuelo, pero ese “ideal de yo” (contra el que se medirá día a día, en su fuero íntimo) sí lo eran.

Sin embargo el ideal de ser como Frondizi vino mixturado, tal cual ocurrió en los años ‘60: el otro lado de Frondizi fue Alvaro Alsogaray, a quien el desarrollista hizo  su ministro de Economía (algo inexplicable  desde el punto de vista ideológico). En aquellos años el abuelo de Rogelio dejó el gobierno de su entrañable amigo Arturo; hoy, al revés, su nieto Rogelio integra el gobierno de Mauricio porque -como el de Jano- es bifronte. Es que en su eclecticismo pragmático, Franco también arrimó a Zinn al elenco de tutores de Mauricio y por eso el joven que cenaba cada tanto con Arturo Frondizi, recibía clases pagas de Economía del mismísimo Ingeniero Alvaro Alsogaray.

Aquí Zinn fue completado en  la gestión por su tío materno, Jorge Blanco Villegas, quien contrató al Ingeniero para tales menesteres a través del Instituto de Economía Social de Mercado. Alvaro no perdió la oportunidad  y a las pocas clases le acercó una ficha: por un tiempo Mauricio Macri estuvo afiliado a la UCEDE. Claro que don Alvaro entonces no sabía que fichaba a otro Presidente (de los varios que fichó!) y Mauricio ni soñaba con hablar en el mismo recinto que habló Frondizi, ni bailar haciendo el avioncito al son de Gilda, en el mismo balcón al que asomó Perón el 17 de octubre del ’45. Pero entonces todas parecían mieles y -al parecer- sí iba a poder. No fue así, sino más bien todo lo contrario.

 

El invento de un partido político

Es el que permitió que esa historia coronara en un cierto podio y así se fundó el PRO, al principio como anillo al dedo para esta Reina del Plata. Apócope de “Propuesta Republicana” (2005) es el colector político final de una cultural singular y bien específica. Por allí hay que empezar para entenderlo. Claro que -si usted vive en Salta o fuera de una ciudad al estilo de Buenos Aires- le resultará más difícil, aunque no imposible.

Precisamente una de las habilidades políticas del PRO (respondiendo a su propia impronta cultural) fue “crecer en red” (a lo Tony Negri) y no por extensión de sí mismo (a la cartesiana), ni por luchas territoriales victoriosas, o adhesiones ideológicas firmes y precisas (¿hay algo menos preciso y más atractivo que el significante “Cambiemos”?). En cada lugar entró por el logro de “embajadores” locales exitosos que -aún sin pertenecer ni adherir al Mundo PRO- supieron hacer las traducciones locales del caso.

El acto de cierre de su primera campaña nacional (en el 2015, en Humahuaca, Jujuy) fue (y será) una foto inolvidable. Un encuentro (sin tocarse) de “dos mundos”, completamente diferentes: los morochos locales y los rubios que llegaron en avión desde Buenos Aires y se fueron tan pronto se desarmó el escenario. La Cultura PRO opera -como dijimos- en registros más postmodernos que modernos. Olmedo en Salta y el Mago Sin Dientes en Buenos, son muestras elocuentes de eso, por si le quedan dudas. Nada de racionalismo ilustrado: slogans, música bien fuerte, pan y circo.