12 Agosto 2019

Desde que existe, el Frente de Izquierda hizo su peor elección en Salta

Con números por debajo de los cosechados en 2011, 2013 y 2015, la fuerza que había buscado robustecerse sumando al MST finalmente tuvo una magra cosecha electoral. 

No sólo Juan Manuel Urtubey y su Consenso Federal quedaron asfixiados por la bipolarización, sino que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), que en esta elección en particular incorporó al MST, también tuvo una primaria para el olvido. Aunque aunó fuerzas con un partido que desde la creación del FIT no había integrado el frente, tuvo porcentajes por debajo de los que había cosechado en las PASO del 9 de agosto de 2015.

En la categoría presidencial, con la fórmula de Nicolás del Caño y Romina del Pla, sólo el 2,5% de los electores salteños acompañaron al FIT. En la misma instancia de 2015, el acompañamiento había ascendido a 3,3%. La izquierda revolucionaria, en Salta tuvo su mejor elección PASO presidencial en su presentación como frente, en 2011, cuando cosechó 4,1% de los sufragios.

En la disputa por bancas en la Cámara Baja nacional, donde Pablo López volvió a encabezar la lista, se quedó con el 3,66% de los votos, por debajo de los 4,4% que la izquierda había acumulado en 2015, y de los 6,4% que cosechó en 2011.

Pasando a la compulsa por bancas en el Senado de la Nación, Violeta Gil, concejal mandato cumplido por San Lorenzo, recibió el 3,4% de los sufragios totales. En 2015, Salta no renovó bancas en ese cuerpo, aunque si nos remontamos a 2013 hay que señalar que en aquella oportunidad el FIT había obtenido 9,3%.

Con esos guarismos, de contundente contraste, hay que señalar que no sólo la polarización ha jugado un rol importante en el escenario provincial sino que la propia impericia de los partidos de izquierda para presentarse como una alternativa fiable de gobierno ha generado un rechazo por parte de la población.

No basta con ser dirigentes probos que no se hayan enriquecido a partir de la función pública, también hace falta constituirse como una posibilidad genuina, que emane confianza y que muestre suficiente madurez para dejar de hacer el ridículo con posiciones estratosféricas, que de tan argumentadas, a veces suenan a excusas más que a programa de gobierno.