17 Diciembre 2018

Cuando las dirigencias se olvidan de priorizar lo colectivo

Por Julio Bárbaro
Una clase dirigente es aquella que prioriza lo colectivo por sobre lo individual. Luego están el talento y las posibilidades que le ofrezca la coyuntura. Como todas las artes, la política puede dar grandes conductores o tan solo transitar la mediocridad, como en nuestro patético presente.

Escritores, deportistas, poetas, grandes pintores, a veces hay y otras brillan por su ausencia. Dimos al mundo grandes pianistas y futbolistas, por tomar solo un espacio creativo; políticos no generamos hace rato, tampoco pensadores que puedan convocar proyectos trascendentes.

Es por eso que el espacio de lo colectivo termina en manos de apasionados por lo individual. Nuestra vieja derecha utilizaba su partido militar para enfrentar el fantasma de la democracia y la revolución industrial, dos desafíos que les quedaron grandes después de la crisis de los años treinta.

Escaso de aciertos, el Gobierno intenta revitalizar el miedo a Cristina Kirchner. Faltos de talento, los K se conforman con sentirse mejores que Mauricio Macri.

Carente de esperanza, la mayoría de la sociedad sufre estoicamente este nuevo acercamiento al abismo de la pobreza. Se fueron los cultores del odio para dejar paso a los fracasados adoradores del mercado.

El libre mercado puede generar riquezas en manos de los sectores productivos o, por el contrario, miserias en manos de los intermediarios, esos que prefieren importar porque “somos poco competitivos”. Las naciones encuentran una clase dirigente y a partir de ella ubican su lugar en el mundo. Nosotros encontramos una clase codiciosa y necesitamos endeudarnos para sobrevivir.

Sin los Henry Ford, los Estados Unidos hubieran sido aplastados por la desmesura de los Rockefeller. Nosotros estamos atiborrados de banqueros y sin otras riquezas que las que la naturaleza nos donó. A la espera de Vaca Muerta o el litio, soñando la lotería sin siquiera la decisión de comprar el billete.

La antigua oligarquía agropecuaria supo transformarse en un polo agro industrial. A contrapelo de ellos, desguazamos el Estado y privatizamos hasta lo que era necesario subsidiar.

El oscuro retorno del subsidio era la razón central de ese mecanismo. Un capitalismo que no generó riqueza sino tan solo se quedó con las de todos. Y ahora los ricos son muy ricos en contracara de los pobres. Ya los dos bandos sueñan triunfar sin inconvenientes, ya todos sabemos que el fracaso acompaña inexorable a ambos fanatismos.

Hubo una denuncia colectiva contra un tema que nadie puede dejar de condenar, una denuncia ejercida por los pañuelos verdes, como si pertenecer al partido del aborto confiriera superioridad moral frente a los pañuelos celestes. Si hubieran participado ambos pañuelos, sin duda el peso de la denuncia tenía otra incidencia en la sociedad.

Cuesta entender la importancia de lo colectivo sobre la parte, siempre lamento cómo los derechos humanos que fueron asumidos por toda la sociedad terminaron siendo tan solo la propiedad de una visión política, como si enriquecer la parcialidad no fuera una manera de empobrecer lo colectivo. Me asombra esa permanente condena al fascismo de los que imitan su conducta.

Qué otra cosa es sentirse superiores, despreciar al que opina distinto, concebirse como el futuro y asignando al resto apabullantes defectos del ayer.

Los números de la pobreza son duros, patéticos y muchos ni los miran. Insisten en que Macri ganará en primera vuelta, como si el Rasputín de Jaime Durán Barba pudiera obtener con sus pócimas el voto de los empobrecidos. La pobreza no ocupa demasiado lugar en los medios, esas miserias no son fáciles de soportar, no suelen habitar la frivolidad de los comentaristas sin ideas.

Si Cristina no se presentara, Macri sufriría una segura derrota, pierde contra cualquier candidato, y en poco tiempo ese dato hoy corriente entre analistas pasará a ser una verdad de Perogrullo. Intentaron desplegar el odio hacia todo el peronismo, solo con Cristina fueron exitosos y no del todo, todavía es posible que Macri pierda también contra ese pasado.

No tienen ni rumbo ni ideología, por ahora solo los define la incapacidad. Si Cristina no se presenta, Macri pierde seguro. El resto son detalles.