07 Enero 2019

Socios de la decadencia argentina

Por Julio Bárbaro
Ahora algunos se enojan, ya que nos imaginaban oficialistas, como si uno pudiera aplaudir cuando ni siquiera hay logros que lo justifiquen. Nos obligan a un debate absurdo: quién es peor, si los que se fueron o los que soportamos. No es fácil competir con los desaciertos y mucho menos entre dos gobiernos que los generan en abundancia.

Ser mejor que los anteriores, para los que intentamos ser objetivos, no significa nada, absolutamente nada. Si uno toma las propuestas de Macri y los fracasos en cada una de ellas, tiene a la vista una foto de la mejor versión de la ineptitud. La asociación libre entre Jaime Durán Barba y los que apoyan a Cristina Kirchner para asustar votantes y convencerlos de que sigamos con Macri, es un “cisne negro” de la política, una maravilla de la paranoia universal.

Sabemos que Macri se cae en todas las encuestas, sabemos que Cristina es la única que puede lograr su reelección, y le damos fuerte a la teoría del amontonamiento que espanta más de lo que convoca. Será que nos sobra un poco de veneno y deberíamos tomarlo para no tirarlo.

Convicciones de la vieja izquierda, siempre planteando un imposible o un absurdo para darle seguridad a la derecha. Resulta raro que los cristinistas coincidan con Durán Barba, pero es cierto y está a la vista. No confrontan dos visiones de nuestro futuro sino tan solo dos diferentes grupos de beneficiarios del poder.

Ninguno de ellos intenta siquiera imaginar un proyecto productivo que nos saque de la miseria, ambos están reducidos a dos formas del uso del gobierno a su propio beneficio.

El Estado dejó de servir a la sociedad para terminar beneficiando al grupo y los intereses que ocupen el poder del momento. Macri no viajó a Brasil, difícil buscar explicaciones asumiendo que es sin duda nuestra relación más importante. La política exterior no solo es errática, no solo carece de rumbo y de sentido, ya ni siquiera recibe la energía necesaria para tener vigencia.

Se cansaron de festejar el G20 y ya ni sabemos qué queda de esos faustos. ¿Cómo explicar la miseria que nos aqueja y el endeudamiento que necesitamos engendrar para sostenerla? Dos teorías nos llevaron a este precipicio, la primera, el Estado es mal administrador, se lo damos a los muchachos en su mayoría extranjeros que vas a ver cómo invierten en tecnología.

Hasta te toman de tonto con el ejemplo de los teléfonos, como si los inversores hubieran inventado el teléfono sin cable.

Es cierto que había que privatizar algunas cosas, distinto, muy distinto a llevarse todo lo que había en la mesa de saldos del Estado y generar en consecuencia un ciudadano cautivo, prisionero de monopolios que ni siquiera el Estado está en condiciones de controlar.

Los peajes en rutas ya construidas, generamos monstruos que ni los de Cristina ni los de Macri están dispuestos a domar, o a perder las coimas que producen a los gobiernos a cambio del daño que sufren los ciudadanos.

Hay privatizaciones que siguen generando retornos al poder de turno. La corrupción de los que se fueron es indiscutible, la transparencia de los que vinieron no alcanza a suministrar la misma certeza.

Los nuevos ricos de los últimos treinta años, miles, muy pero muy ricos, los números de sus riquezas, esos que se cuentan en millones y miles de ellos, solo son orgullo y soberbia en la soledad de los campos de golf. Ninguno de esos produjo nada, ni siquiera compitió con nadie, ya que le regalaron un monopolio y debe acomodar la coima con cada nuevo gobierno, y enriquecer entonces funcionarios de turno. Al político lo suplantó el operador de negocios, la lealtad a la causa se revirtió en complicidad de negocios.

Hugo Alconada Mon avanzó en serio sobre la verdadera estructura de la corrupción, esa que asume que los cuadernos son reales pero solo una rendija por la que vemos el resto del caos institucional.

Hemos constituido un capitalismo improductivo, donde la verdadera competencia es por los pedazos del Estado que nadie defiende, y tanto los de Cristina como los de Macri no se ocupan de sacarnos de este atolladero, podríamos decir, que ni siquiera se dan por enterados.

El filósofo francés Paul Ricoeur supo decir: “El plan es ética en acción”. Mientras vamos incrementando deuda, inflación y pobreza, ¿cuál sería para ambos candidatos del pasado el plan que nos saque de la decadencia? Ni siquiera logramos en años consolidar una moneda, el odio al supuesto enemigo ocupa en Cristina y en Macri el lugar del plan y de la moneda.

Hoy el enemigo es una moneda de dos caras, Macri y Cristina compiten y cualquiera sea el revoleo es seguro de que sale “seca”. Parecieran actuar como socios, como parásitos de la decadencia.

Esos odios son pareja, se complementan, Macri solo puede ser mejor que Cristina, o al menos solo puede ganarle a ella. El futuro está justo detrás de ese binomio.