12 Enero 2019

Modas

Por Julio Bárbaro
En los setenta ser marxista y cultor de la violencia era motivo de orgullo y sentimiento de superioridad. Las veces que me aguanté la acusación de debilidad o directamente miedo solo por no adherir a la guerrilla en cualquiera de sus versiones. Pasar a la clandestinidad se vivía como una forma de ingresar a la historia, a la grande y trascendente.

El marxismo no dejó demasiado en el mundo, con los años necesitaron asumir que Stalin no era mucho mejor que Hitler. Y los demócratas pudimos entender que la razón nos había acompañado.

Claro que con la deformación de los derechos humanos se intentó continuar reivindicando el error. Modas, duras en sus consecuencia, como si no se pudiera pensar de otra manera, con tanto fanatismo terminan generando dogmas sin rumbo ni sentido, dogmas mucho más irracionales que los del creyente.

Ahora el oscuro y para mi gusto nefasto Duran Barba convocó el debate del aborto solo para sacarnos de la política, de ese espacio donde ellos generan miseria e imaginan ser votados por el simple manejo de las redes y la imagen de un pasado que asusta. Y vino un nuevo dogma, parecido al viejo marxismo donde estaba prohibido disentir sin ser acusado de retrogrado,  fascista y todos los demonios del infierno progresista. Ahora intentan imponer un feminismo en muchos casos asentado en el resentimiento, espacio desde el cual nada bueno puede surgir.

Con una certeza tal que deja flojas de dignidades a las mujeres del ayer, a esas que nos formaron sin necesidad de confrontar por oficio. Recuerdo el poder de mi Abuela Vicenta, era la verdadera jefa de la familia, o el de mi Madre, mujeres que no necesitaban reivindicar su lugar porque de sobra lo ocupaban. Cierto que había mucho para avanzar, imagino que con más lógica evolutiva que de confrontación.

Y ahora sucede que descubrieron la pólvora y la imprenta en la misma semana, y ven fascismo por todos lados, sin siquiera poder asumir que la soberbia y el exceso de certeza que las acompaña encubre bastante el riesgo de ser lo que dicen combatir. A veces expresan el feminismo como simple fracaso de lo femenino, como si intentaran imitar lo que dicen enfrentar.

Y uno puede ser creyente o ateo, pero solo un necio puede sentirse superior por ocupar uno de esos lugares. Antes la agresividad era propia de los talibanes de la fe, ahora los enfermos de fanatismo son los ateos del horóscopo, masones aburridos y grasosos, cientificistas de café concert. Y agresivos, intentando convertir su carencia en superioridad.

El consumidor no tiene Dios, no lo necesita ni lo soporta, ni siquiera la consciencia si no la asesinan podría soportar tanta injusticia. Ateos por necesidad, si dios existe no cabe duda de lo mal que lo van a pasar. Adoradores del becerro de oro.

Y el feminismo es verde, y a veces, muchas, la imprescindible justicia puede derrapar en  venganza. Suelo ver en las noches jóvenes que me devuelven la esperanza, hablando y dando de comer a los que habitan la calle, en ellos se expresa el futuro y no tienen color en el pañuelo. Soy católico y peronista, estoy contra el aborto y desprecio esta sustitución de la política por el turbio manejo de la conciencia que intentan los Duran Barba y sus encuestadores y operadores de redes sociales.

Ya verá Macri que de nada le sirvieron cuando quede en claro que reiterar un fracaso no puede proponerse como un logro.  Quisiera participar de un proceso de pacificación nacional, de encuentro, eso que por ahora el mismo gobierno intenta impedir en manos de los titiriteros del mal. Asumo que todo esto es posible por la debilidad, a veces ausencia de la oposición.

El feminismo y el aborto desarrollados por el gobierno en su afán de volverse progresista solo dejan más al desnudo la pobreza de su política. Progresistas si no hay costo, conservadores siempre que se hable de ganancias. Y ahora, del otro lado, muchos que durante décadas no se animaron a llamar dictadura a la de Fidel Castro denuncian fascismo en todo lo que los molesta.

Raro, modas, pretensiones de ideología que poco y nada tienen de seriedad. Gente que se imagina dueña de la verdad, superior a los demás y ve fascismo en los otros sin asumir la desmesura del propio.

Las decadencias suelen abundar en certezas tanto como los caminos de la madurez permiten la riqueza de las dudas. El único lugar del mal está en el que ve al otro como enemigo, en el que no soporta la duda y convierte en dogma su certeza. El peronismo, el liberalismo, la religión, el aborto, son espacios posibles de la adhesión personal y social, no necesitan de fanáticos, es la peor manera de devaluarlos. Demasiados dogmáticos para tanta miseria.

La acumulación de la riqueza en pocas manos es el tema central, los otros, aunque aparenten trascendencia, no pasan de ocupar el lugar de la distracción. Ateos que queman Iglesias y veganos que intentan incendiar restaurantes son el fruto de una miseria que se inició en lo económico y que ahora ya está ocupando del lugar de la misma esencia de la democracia, de las más elementales leyes de convivencia.

Cuando las modas se vuelven dogma la sociedad empobrece su espíritu, y algo de eso nos está pasando.