28 Enero 2019

Recuperar un proyecto de sociedad

Por Julio Bárbaro
Cosas de la historia, el sindicalismo en nuestra sociedad termina siendo un elemento importante de integración social en una coyuntura donde el Estado ha sido usurpado por grupos privados y la industria disuelta al servicio vil de los importadores. Quedan el agro y el sindicalismo como espacios de identidad cultural imposibles de ser vendidos al mejor postor.

La Sociedad Rural y la CGT, sobreviven solo parte de los fundadores originales. Todo se vuelve extranjero, desde los comercios hasta los productos.

Fabricábamos aviones y locomotoras, terminamos importando durmientes de China en nombre de la izquierda progresista.

Los negocios se llevaron puesta la identidad nacional. La concentración arrasó con los comercios de la clase media, los bancos y los grandes grupos se apropiaron de todo lo rentable, cadenas de supermercados y de farmacias, de bares y de quioscos, todo en manos de los grandes grupos empobreciendo al ciudadano indefenso.

La nueva ética es impedir la corrupción en pequeña escala, la de gran escala la han legalizado a la perfección. Están al lado del Presidente.

Encuentro sindical en Mar del Plata, hoteles donde los obreros pudieron conocer las playas de los ricos, muchos de los cuales decidieron huir a lugares más exclusivos, más elegantes, alguno fuera del país. Encuentro sindical, de muchos que todavía siguen apasionados por la política, que no acomodaron sus osamentas solo a los negocios de la salud, que no “engordaron” demasiado.

Siguen comprometidos con un proyecto de país, resisten, no los pudieron privatizar ni extranjerizar. Defienden sus empresas y sus obreros y empleados, terminaron siendo un obstáculo para el modelo colonial de Carlos Menem y Mauricio Macri, que es el mismo, que siempre fue el mismo. Encuentro sindical con políticos, como antes, cuando soñábamos forjar una patria digna, cuando el sindicalismo se encontraba con una “burguesía industrial” antes que los imbéciles imaginaran que era lo mismo que las empresas fueran nacionales o extranjeras porque el proletario era tan universal como el consumidor. Cuidado, esa lacra tuvo actores de izquierdas o derechas. Todas las ideologías tienen en nuestra crisis algún “vende patria”.

Sindicalistas, muchos, de antes y de ahora, invitando a políticos, jóvenes y de los míos, y muchos entusiasmados con la candidatura de Roberto Lavagna. Viajamos con Marcos, el hijo, nos animamos mutuamente en la candidatura de su padre. Se convocaron militantes, primero a la mañana, reunión de propuestas, luego un gran almuerzo colectivo.

Me tocó decir unas palabras, emociona volver a soñar, a cantar la Marcha, a decir en voz alta que no tenemos nada que ver con los que apoyan a Cristina, que ellos son de otro partido y que si nos animamos, podemos ser actores centrales en la elección que viene.

Autocrítica, eso hace falta y mucho, a todos: la pobreza que crece nos increpa, nos cuestiona. El peronismo arrastra culpas —y muchas—, lo mismo que los que no lo son y los otros, los que nos odian, los anti-peronistas, esos arrastran el atroz fracaso de los que solo odian.

Macri no tiene proyecto, parasita el miedo a Cristina. Si con un peronismo respetable para los que no lo son podemos ocupar el espacio de la esperanza, puede ser que derrotemos a uno de los dos odios. Si cae uno, muere el otro, se complementan, se parasitan.

Roberto Lavagna fue el único nombrado, aplaudido, ocupante hoy del espacio de la esperanza, de los que no se resignan, de los “jamás vencidos”.

Somos una sociedad donde fueron derrotados los patriotas de todas las líneas, de todas las ideas, en los conservadores y en los radicales, en los peronistas y hasta en los empresarios. Una sociedad donde se fugan miles de millones y luego se espera al “inversor extranjero”.

Un equipo supo sacarnos de una crisis parecida, de las atroces consecuencias de otra lacra enamorada del “ajuste”, de ese sueño de que los ricos ganen más sin producir y a costillas de empobrecer a los ciudadanos. Son atisbos del comienzo de campaña.

Si logramos unir sindicatos con políticos y convocar luego a los empresarios nacionales productivos, estaremos recuperando un proyecto de sociedad.

Un paso en el rumbo necesario para volver a ser nación. Del otro lado quedan los bancos y los ricos que viven parasitando al esfuerzo ajeno.

Que no nos den cursos de ética, sin proyecto y sin rumbo siempre se está al servicio de la corrupción.