04 Febrero 2019

Macri tuvo su oportunidad y fracasó. ¿Qué viene ahora?

Por Julio Bárbaro
El egoísmo es el triunfador del presente, la expansión de la pobreza es su consecuencia. La suma de las codicias empresarias no mejora una sociedad, por el contrario, como ahora, la termina empeorando sin piedad. Y esa codicia puede manifestarse en cualquiera de los envoltorios supuestamente ideológicos vigentes.

Puede ser peronista o liberal, radical o socialista, siempre servirá para expandir la miseria. Mauricio Macri es el representante de los intermediarios, de los comerciantes, de todos aquellos que prefieren importar a producir, aumentar ganancias de las empresas antes que defender a los consumidores e imponer siempre el interés del capital por sobre el fruto del esfuerzo. Asesina productores con el cuento de que “no son competitivos”, como si los demás países hicieran lo mismo.

El mundo se tecnifica a la par que nosotros nos primarizamos. Fabricamos menos, importamos más y todo se va extranjerizando y concentrando; cadenas de todo destruyen a la clase media pero también a la misma identidad. Se llevan puestas hasta las costumbres. Las culturas de Europa no permiten el ingreso de esas fealdades, pero a nuestros cholulos se los llevan puestos, los arrastran, los deslumbran, los convencen de que ingresan a la modernidad universal.

Mario Vargas Llosa contra los nacionalismos, triste, escribe bien y piensa mal, dijo de los catalanes tonterías que desnudan sus propias limitaciones. Ciudadanos del mundo, a veces nos cuesta entender de cuál. Una señora me increpaba por apoyar al peronismo que a ella la había perseguido. Le dije que podía ser cierto, pero no quiso escucharme cuando le expresé que del otro lado también había gente, que pensar más allá del propio ombligo es asumir que hay otro espacio que merece respeto.

Donald Trump y Jair Bolsonaro, esa nueva derecha que a veces asombra y otras lastima, vino a suplantar a un progresismo que hace rato se quedó sin nada que decir. Y a una soberbia de los demócratas que siembran miseria con libertad electoral. Duele, marxistas que siguen soñando con Cuba, con esa esperanza que terminó elitista, de tan pocos burócratas como ricos había antes. El número de beneficiarios de ambos regímenes debe haber sido parecido, semejante, simétrico. La violencia con que lo intentaban sostener no sé si se parecía tanto.

La democracia devenida en ideología, acompañada por la pobreza en crecimiento. Un régimen es virtuoso si integra, esa perversión de empobrecer hoy con el cuento de integrar mañana es de una maldad casi inhumana. Macri enriquece a los ricos y empobrece a los pobres, así de simple y de claro. Un grupo de “niños bien” desarrollando la sociedad en la que imaginan ser felices.

Necesitamos salir de los dos fanatismos, restos devaluados del eterno conflicto entre una izquierda impotente y falsa, y una derecha fracasada. Macri, que parecía no tener instintos suicidas, camina ahora hacia su propia implosión.

Sostener un dólar absurdo, exagerar la ganancia bancaria y a la vez demoler a las empresas que necesitan del crédito. ¿Perversos o ineptos? Su fracaso es tan definitivo como el sin sentido de su propio destino. El no peronismo daba para más, pero lamentablemente cayó en manos de su peor expresión.

Al peronismo lo invadió una enfermedad parecida. Salir de la pinza, del laberinto, de una confrontación entre dos frustraciones, de la costumbre enfermiza de votar al menos malo. Y sin aparatos, ni intendentes ni gobernadores, lo nuevo debe surgir tan amplio como libre, tan alejado de uno como del otro, intentando una síntesis.

Dejemos de discutir quién nos lleva al default e intentemos juntos esquivar ese absurdo destino. Podemos, debemos hacerlo.