18 Febrero 2019

Con Cristina, el peronismo pierde

Por Julio Bárbaro
El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, dice el conocido refrán, y la sentencia parece hoy más vigente que nunca. El fracaso del Gobierno irrita en exceso a sus seguidores, quienes van a terminar travestidos en camporistas.

La justicia social sin democracia convocó a la democracia sin justicia social. O achicamos la violencia de los fanáticos o sus odios nos hunden para siempre. Creer apasionadamente en uno de los dos candidatos, en Mauricio Macri o en Cristina Kirchner, está más cerca del ridículo que de la pasión, o es comprometer la pasión en el ridículo. Somos muchos los que intentamos romper ese cerco de la mediocridad y una de las opciones más lógicas es apoyar la candidatura de Roberto Lavagna.

Es simple como propuesta, permite huir de la pequeñez de los que hablan de unidad de los opuestos o internas sin partido. La historia nos regaló una hermosa sociedad a la que desde hace cuarenta años hundimos en una miseria forjada a dos voces.

Nosotros convertimos al peronismo en un oportunismo sin sentido, liberal con Carlos Menem, y sectario y corrupto con los Kirchner, y ahora algunos insisten en amontonar prontuarios en un momento de crisis cuando lo único que puede ayudarnos es discutir ideas.

Ellos eligieron al más mediocre de los conservadores que vende y endeuda todo sin defender ni conservar nada. La decadencia del pensamiento va mucho más allá del peronismo y del mismo movimiento nacional.

Esa frivolidad que abarca desde la derecha que nos gobierna hasta la izquierda que nos molesta, ese oportunismo sin rumbo ni destino lleva a muchos, a demasiados, a intentar amontonar sectores que en nada coinciden y no tienen posibilidad de convivir.

Cuando la encuesta oficia de brújula, el precipicio suele ser el destino. Y vemos con asombro que muchos que habían enfrentado a Cristina y solo por ello obtenido una cuota de prestigio social, muchos de ellos intentan recuperar ahora una masa de votos que tiene tanto peso electoral como abrumador rechazo social que nos transforman en eterna minoría. Espantan el doble de los votos que convocan.

Leen las encuestas y no terminan de asumir que Cristina es la responsable política de Mauricio Macri, que ese sectarismo absurdo e irracional de un supuesto peronismo al que nunca respetaron ahuyenta los votos imprescindibles para ser gobierno. Suelen argumentar que necesitamos “la unidad” para vencer, intentan negar que unidos perderemos. Resulta raro verlos coincidir con Jaime Durán Barba, salvo que conozcamos el enorme espacio de negocios que concede a sus gestores ocupar el lugar de minoría.

Pude compartir un encuentro con Roberto Lavagna y Eduardo Duhalde, de sobra expresé y coincidimos en que o somos algo distinto a Cristina o ni vale la pena intentar la candidatura.

Si Cristina se presenta o no lo hace, es tema de su sector que poco y nada tiene que ver con el nuestro. La grieta es un negocio de ellos dos, superarla es una necesidad desesperada de todos los argentinos de buena voluntad conscientes de la miseria que estamos multiplicando.

Mi enemigo es el que vive de parasitar un odio y en eso ellos dos se necesitan. Hablar de internas resulta absurdo, ya que hace tiempo que se robaron también la estructura del peronismo.

Debemos gestar un comité de apoyo a la candidatura y desplegarnos en un partido distinto con aliados concretos de otras fuerzas políticas. Necesitamos salir de este laberinto que nos sumerge en la desesperanza. Que Macri sea en lo cotidiano peor que Cristina no alcanza para retroceder al fracaso que lo engendró.

Cada vez que hablan del posible apoyo o de la unidad, cualquiera de esas variantes nos equiparan con lo peor, con algo que hace demasiado tiempo confrontamos y que estamos obligados a cuestionar, denunciar y superar.

Despreciaron al peronismo, degradaron a la política con la corrupción y terminaron disfrazados de izquierda, derrotados por la derecha menos capaz. Los que transitan el delito y lo justifican como persecución ideológica es porque utilizan la política solo para encubrir su codicia.

Poco y nada tenemos que ver con esa historia y supimos enfrentar a un gobierno que se dijo peronista y terminó reuniendo a lo peor del izquierdismo de los setenta con una concepción esencialmente corrupta del poder. Ignoro si algunos lo hacen de buena voluntad o no, solo intento llamar la atención con la distancia que nos separa de ellos.

Y no olvidemos nunca que perder una elección puede ser doloroso, pero perder la dignidad es una mancha que difícilmente alcance la vida para superarla.