06 Mayo 2019

Ideologías

Por Julio Bárbaro
Al marxismo lo mató el autoritarismo y la falta de libertad. China, Rusia y Cuba son hoy Estados fuertes con sociedades con ciertas libertades económicas pero sin democracia. El capitalismo tiene infinitas variantes, son exitosas aquellas donde su burguesía productiva es nacional y apoya el estado de derecho.

La ecuación entre el poder del Estado y el de los capitales privados define cada sociedad. Donde el Estado se impone y las diferencias económicas no son agresivas, como el modelo europeo, se logra estabilidad.

Otra experiencia es la de Estados Unidos, ya que cualquiera sea el éxito de sus empresas esto no altera en nada la miseria de sus necesitados. Mientras Europa es un intento de integración social, Estados Unidos con todos los conflictos que arrastra, logró pasar del Ku klux klán a un presidente negro, sin siquiera interesarse en los desprotegidos. Peor estamos nosotros que después del abrazo de Perón con Balbín supimos retornar al gorilismo de los racistas.

Importa y mucho cuál es la estructura del empresariado: cuando es productivo forja una nación, cuando vive de intermediar prefiere una colonia. Demasiado parecido a nuestro presente. Los más subsidiados son los empresarios, además de los más protegidos y los que poco y nada tuvieron que invertir.

El denunciado gobierno anterior jamás tocó ninguna privatización mal hecha, eligió asociarse. Hoy los bancos ganan fortunas, es el dinero que pierden los productores que cierran y esto no es casual, es ideológico. Con Menem no privatizaron la administración sino que regalaron la propiedad.

Estamos pagando peajes a privados en rutas construidas por el Estado. Esos negocios, negociados, son los que necesitan dólares para sacar del país aquellos capitales que nos quitaron con el cuento liberal de que se iban a convertir en inversiones. Y piden prestado y generan deuda solo para financiar la fuga de las ganancias que engendran sus saqueos.

Roban distinto pero roban igual y al hacerlo, empobrecen peor.  Inversor extranjero es una palabra única, indivisible, si es nacional se la lleva como el mismísimo ministro fracasado de economía. Y ahora vivimos lo peor, otro asesor extranjero les mete ideas a los políticos ya que ellos no las tienen, y necesitan de la encuesta para saber qué piensa el pueblo y del asesor para averiguar qué hay que decir.

Y siguen con el sueño de sustituir la política, la de verdad, aquella que forja un proyecto de nación e instrumenta la manera de llevarlo a cabo; sueñan con sustituirla, por un cómico, un médico, un deportista u otro que hable de todo, menos de un modelo de sociedad. No hace setenta años, sólo cuarenta desde que los poderosos iniciaron su avance sobre la riqueza y el salario de los pobres.

Esta miseria es la contracara de esas riquezas que ostentan como si hubieran inventado algo, algo más digno que robar, con coimas como los anteriores, con bancos y grandes grupos como los actuales, desregulando para permitir que el grande aplaste al chico. Venezuela, Maduro es una mala fotocopia de Chávez, y ellos una mala memoria de Cuba. La dimensión del exilio define como pocos el fracaso del sistema. Fidel y el Che mandaron a la muerte decenas de miles de jóvenes, de eso no quedó nada, ni siquiera una Cuba que sea digna de admiración.

Perón nunca lo quiso a Fidel y tenía razón, eso no era una revolución. Y en rigor, lo único digno de intentar es el reformismo, es el que ayuda al pueblo; la revolución es solo un tema de los hijos de una clase media aburrida.  Ahora con Maduro la derecha se cura en salud, como si la democracia con miseria sea una gran opción antes que el fracaso de la demencia. Nadie habla de Bolivia y de Evo, ellos llegaron a logros que nosotros teníamos hace cuarenta años y hasta la inflación lograron controlar.

Pero es un Estado más fuerte que los intereses privados y entonces sí, la democracia hace justicia. Cierto que arrastra el tema de la reelección, al lado del saqueo y la miseria que generan  nuestros grandes grupos es un detalle sin importancia. Cristina asusta como Venezuela y para colmo muchos de ellos adhieren al régimen de Maduro;  típica lógica de izquierda, asustar al burgués para que el miedo nos conduzca a la derrota. Pero su libro es más virtuoso que Macri, ella sigue con sus agresiones y él, en la caída intenta disfrazarse de dialoguista.

El libro da pena, muestra un personaje que lejos está de poder conducirnos. Claro que viendo el desastre de Macri todo puede ser posible.

Le dije al Presidente en persona y lo repetí en público, convocar a la unidad es la única opción para gobernar, o lo hacen de entrada y expresan grandeza o lo hacen ya débiles y se vuelven patéticos. Eligieron a Marcos Peña  y terminan dejando una sociedad mucho peor que como la encontraron.

Necesitamos mutar el miedo en esperanza, y para eso hay que terminar con Macri y con Cristina. Parece mucho, pero al ser imprescindible se vuelve posible.