29 Noviembre 2019

Alejandro Torrico puede salir en libertad

Considerado sádico perverso, pedófilo y el peor criminal de los últimos 25 años en Salta. Tras pasar veinte años preso, está en condiciones legales de obtener la libertad condicional, a fin de año o a principio de 2020. 

Por Dario Alberto Illanes

Sus pequeños cuerpos tirados entre los yuyos, con las cabecitas destrozadas a pedradas, un horrorizado vecino encontró a Melani y Octavio en un descampado de La Silleta, el domingo 10 de mayo de 1998.

Ada Zunino, jueza de Garantías 1, en este caso como jueza de Ejecución de Sentencia, sostuvo que Marcelo Alejandro Torrico se encuentra - desde el 28 de octubre pasado - en situación técnica de salir libertad condicional. De tal modo, pasaría los restantes cinco años de la condena en la vía pública. Así lo sostuvo la magistrada a Telefé Salta.

La fría mañana del lunes 4 de mayo de 1998, María Leguina despidió a sus hijos en la parada del colectivo en el entonces asentamiento Alto La Viña, al oeste de la ciudad de Salta. Octavio y Melani, como lo hacían de lunes a viernes, bajaron en la avenida Usandivaras y  desandaron las más de diez cuadras hasta la Casita de Belén (barrio San José), en donde desayunaban y luego comenzaban sus actividades escolares.

Sin embargo, en inmediaciones de la calle Olavarría, un joven rubio, de ojos claros, aspecto angelical, los llamó. Octavio y Melani dudaron, pero en ese momento un muchacho morocho los rodeó y junto al otro los redujeron y metieron dentro de un automóvil.

El infierno estalló sobre los niños. Torrico y Brandán les hicieron tragar y respirar cocaína, y pasando la rotonda de Limache los quemaron con cigarrillos, abusaron sexualmente de las criaturas, violando del peor modo imaginable a la nena. Tras las perversiones, continuaron rumbo por la ruta 51 y a la altura del cementerio de La Silleta condujeron el auto al descampado hacia el sur. Allí los arrojaron y los mataron a pedradas en sus cabezas.

Perpetua

El 10 de diciembre de 1999, el tribunal presidido por Alberto Fleming, y los jueces Susana Sálico de Martínez y Antonio Morosini, y la fiscal Graciela Gudiño, condenó a reclusión perpetua y reclusión por tiempo indeterminado a Marcelo Alejandro Torrico y Ariel Esteban Brandán. Se los encontró culpables de violación y homicidio calificado por alevosía y criminis causa, entre los cargos más brutales.

Antes, dirigidos por el juez Aldo Rogelio Saravia, la Brigada de Investigaciones de la Policía de Salta investigó el doble asesinato infantil. Tras seguir decenas de pistas - que incluyeron al padre, Miguel Leguina - los sargentos Puca y Mendoza determinaron que los autores eran dos jóvenes marginales, adictos a las drogas, vendedores narcos, con antecedentes de delitos sexuales. Eran Torrico y Brandán, prófugos en el conurbano bonaerense. Delaciones amorosas y repudios de malvivientes facilitaron que los agentes de Salta conducidos por el jefe de la BI, Angel Paz, los arresten.

Tras la sentencia, Francisco Mascarello fue el juez de Ejecución de Sentencia. Este fue objetado permanentemente por la defensa de Torrico. Hasta llegar a la jueza Zunino.

Asimismo, es un recluso especial en el penal de Villa Las Rosas. A diferencia de los otros condenados, él tiene celda propia y comodidades como computadora, televisor y heladera. Las autoridades argumentan que se debe a “razones de seguridad”. Por otra parte, en 2006 se fugó - dicen que con ayuda de los guardiacárceles - y por internet aparecieron fotos de él vestido con uniformes policiales.

Libre

La jueza Ada Zunino contó que la justicia “juzga hechos y no personalidades”. Esto a pesar de que Torrico es “una persona peligrosa para la vida en sociedad” por su pedofilia y el “sadismo desmesurado” cometido contra los niños.

Técnicamente, la libertad condicional obliga al beneficiado a fijar un domicilio en Salta, no consumir drogas, ni tener vicios, no cometer nuevos delitos, tener una buena conducta que “permita visualizar que la persona que goza del beneficio está resocializada”. De acuerdo a la magistrada, el asesino no tiene otros procesos penales (fuga del penal , vestirse con uniformes) que agraven la condena y le eviten la libertad.

También explicó que a los reos se les aplica la ley más benigna que los favorezca y que la Argentina no existe la prisión de por vida.

Los pelos en la mano

En las manos de Octavio se encontraron cabellos. Estos hicieron pensar que los exámenes forenses lograrían determinar la identidad del o de los asesinos. Pero el análisis concluyó que los pelos eran del propio niño. Octavio se los había arrancado, desesperado al observar las atrocidades que le hacían a su hermanita Melani.