16 Septiembre 2020

Los salteños renovaron una vez más el pacto de fidelidad con el Señor y la Virgen del Milagro

En la soledad de la Plaza 9 de Julio, Monseñor Mario Cargnello realizó el Pacto de Fidelidad a los pies del Señor del Milagro. “Perdónanos Señor por no poder sacar tu imagen, en la soledad conmovedora que añora la multitud parece escucharse tu voz que nos dice ‘No, este año yo los quiero cargar a cada uno de ustedes’”, expresó.

El Milagro 2020 quedará para siempre en la historia. La postal de las calles salteñas colmada de fíeles acompañando las imágenes del Señor y Virgen del Milagro este año no se pudo ver por la pandemia de coronavirus. En la soledad de la Plaza 9 de Julio, Monseñor Mario Carnegllo visiblemente emocionado por la circunstancia, compartió el Pacto de Fidelidad a los pies del Señor del Milagro. Además, miles de fieles desde diferentes partes de la provincia y el mundo se sumaron a la Procesión Histórica Virtual.

“Señor del Milagro, acá estamos en una tarde de un 15 de septiembre muy especial, todo lo que deseábamos preparar para rendirte nuestro homenaje contigo a tu madre, nuestra Señora del Milagro, no pudo ser. El Milagro del comienzo de esta tercera década del milenio lo has preparado tú, hasta el último detalle, si hasta el lapacho que te saludaba desde el frente de la Catedral Basílica escondió sus flores, este Milagro es todo tuyo, todo de María”, comenzó emocionado Monseñor.

Continuó diciendo que el marco actual de nuestra provincia remite a lo que sucedió el pasado 27 de marzo cuando el Papa Francisco, en la soledad de la Plaza San Pedro (Vaticano), rezó en soledad: “Nos dimos cuenta que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a rezar juntos”, expresó.

“Hoy experimentamos la verdad de lo afirmado por el Papa, la violencia de la pandemia se hace sentir entre nosotros, la enfermedad se expande, el sistema de salud amenaza colapsar, nuestros trabajadores de la salud y seguridad se ven desbordados, algunos agotados. La experiencia de la fragilidad física, espiritual y social es de todos, ¿qué mensaje susurra nuestro tiempo”, se preguntó con la voz entrecortada.

Ante esto, Cargnello manifestó: “La experiencia de los límites que son inherentes a nuestra condición humana están a la vista, los recursos humanos son muy buenos, pero son insuficientes porque solo son humanos, la ciencia no es omnipotente, la tecnología también tiene sus límites, las organizaciones son limitadas, por eso surge desde lo más hondo del corazón el pedido de ayuda ¡Sálvanos Señor, solo somos hombres, varones y mujeres, ricos y pobres, profesionales y trabajadores, jóvenes y ancianos, habitantes de las ciudades y del campo, sólo somos hombres que dirigimos confiados nuestra mirada a Ti”.

Señaló que, en primer lugar, se debe enfrentar la vulnerabilidad física y social, “la salud es un bien que se debe cuidar, cuidar la vida desde la concepción, hasta la muerte, cuidar la vida de niños y jóvenes para que crezcan en justicia y equidad, cuidar el medio ambiente, y a los excluidos y sufrientes de nuestra sociedad, cuidar al hermano, no excluir a nadie”, manifestó.

En segundo lugar, se refirió a la vulnerabilidad política e ideológica: “La enfermedad ha superado proyectos partidarios e ideológico y ha puesto en evidencia sus límites y la mezquindad de segundas intenciones, que triste es contemplar el aprovechamiento de la situación para justificar decisiones dudosas en desmedro del bien común”.

“La enfermedad desnuda al ser humano, este no puede ser explicado por ideologías parciales, por visiones sesgadas, por mesianismos de cartón, en su mayor pobreza el hombre emerge grande”, sostuvo. Y agregó: “Hace falta sentir que nos necesitamos los unos a los otros, que vale la pena ser buenos y honestos, por eso la Iglesia propone al mundo el ideal de una civilización del amor, el amor social es la clave de un auténtico desarrollo”.

En tercer lugar, se refirió a la vulnerabilidad económica, expresó que “las economías han sufrido y continúan sufriendo un deterioro muy grande, nos estamos empobreciendo, somos muchísimas las familias que ven disminuir su calidad de vida, sus ahorros, su futuro, son demasiado los hogares a los que no les alcanza ni para comer, los hombres y las mujeres que ven la posibilidad de perder su trabajo sufren la angustia de un futuro incierto, se impone la necesidad de una solidaridad real, sostenida, transparente y de una conducción honesta, austera, paciente, es duro ver a quienes lucran con la enfermedad, con la necesidad del otro, con el dolor ajeno”.

“En medio de este mundo, aquí estamos Señor delante de ti, pobres y necesitados pero confiados y dispuestos a inaugurar un tiempo nuevo, aquí están nuestras familias, nuestras comunidades parroquiales, nuestras instituciones, nuestra comunidad eclesial, aquí están todos tus devotos, los peregrinos cuyos corazones tendidos en distintos lugares del mundo, hacía ti te dicen ‘Somos Tuyos’”, expresó.

“Perdónanos Señor por no poder sacar tu imagen, en la soledad conmovedora que añora la multitud parece escucharse tu voz que nos dice ‘No, este año yo los quiero cargar a cada uno de ustedes, necesito que ustedes salgan desde dentro de sus seguridades y vayan a las calles de los demás, que tienen necesidad de ustedes los cristianos para que le muestren el mundo nuevo, una humanidad distinta, reconciliada, fraterna. Necesito que ustedes muestren en su estilo de vida que mi amistad llena el corazón del hombre y le da sentido a la vida, a la sociedad’”, expresó.

“Necesitó que el corazón cristiano muestre que puede alcanzar su plenitud en su apertura al bien, a la verdad y a la belleza, que es posible vivir en una austeridad solidaria, en un compromiso de ayuda mutua, de compromiso auténtico con el otro”, agregó.

Finalmente, agradeció a los trabajadores de la salud, de seguridad y trabajadores esenciales. Y conmovido, antes de iniciar el Pacto de Fidelidad, manifestó: “Señor del Milagro, golpeamos la puerta de la llaga de tu costado para entrar en tu corazón y celebrar el pacto contigo, escúchanos, abrázanos, te necesitamos”.